miércoles, 25 de marzo de 2009

Analisis de un caso de bullying



Cogiendo como ejemplo el caso de la entrevista realizada anteriormente, donde se narraba el caso de una niña que sufrió acoso escolar durante algunos años, intentaremos analizar, de manera objetiva, sus afirmaciones y declaraciones, partiendo de la información que hemos podido recolectar hasta hora en nuestro blog.

El origen del bullying puede llegar a edades muy tempranas, tanto como pueden ser los 6 o 7 años. La victima no escoge serlo pero el acosador si que escoge adquirir el comportamiento de acosador. Los más débiles psicológicamente, acostumbran a ser las presas más fáciles para los acosadores, quienes padecen de una cierta desconfianza en ellos mismos y, por ello, buscan su confianza en el malestar de los más débiles.

Esta niña nos relata el caso de un chico que se reía de ella y, después de ver en clase que cuando el niño le faltaba el respeto, la profesora ni se inmutaba, la niña decidió recurrir a su madre para mirar de arreglar el problema, quien lo consiguió, en un primer momento, hablando con la madre del provocador. Las consecuencias de este hecho las explica la niña así: “ Ahora creo que no se lo contaría a mi madre porque mi madre hablaría con su madre y aún sería peor”.

Esta actitud de insultas e injurias del matón son consideradas como Hostigamiento ( agrupa aquellas conductas de acoso escolar que consisten en acciones de acoso psicológico que manifiestan el desprecio y la falta de respecto).

Finalmente, este niño dejó de acosar a la niña y se busco otra victima a quien atacar, con la cual persiguió llevar a cabo de nuevo su práctica.

“La reconciliación no siempre será eficaz, pero cuanto menos, representa la obligación por parte del victimario (o sea, del matón), quien tiene que reparar y ser consciente de sus actos”, nos asegura Pilar Medina, Doctora en Psicología y profesora de Psicología de la Comunicación Social.

Las conclusiones de la mayoría de los casos de bullying que encontramos son las mismas: el niño no llega a ser consciente de sus actos y es por eso que delibera su ira interior sobre la otra persona. El aprendizaje a controlarse a él mismo suele ser complicado, por eso se tiene que actuar con la mayor prevención posible, haciéndole entender al niño que por mucho que recargue sobre los demás, sus problemas personales continuarán estando allí.

Sinceramente, sería conveniente que los profesores empezaran a intervenir antes de que este caso pase a mayores y se acentué, conduciendo esto, a problemas realmente graves. Esta edad, 6/7 años, es la idónea para poder intervenir y así, arreglar los problemas.


Y es que hay que tener siempre en cuenta que no hay necesidad de apagar la luz del prójimo, para que la nuestra pueda brillar, sino que como más personas en el mundo brillemos, más iluminado estará para todos y más fácil nos resultara convivir en él.

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